martes, 29 de enero de 2013

Conquista y colonización de América I



Conquista y colonización de América I

Prof. Luis Felipe Díaz

Espa. 4211. 

Notas de Literatura Hispanoamericana I

Departamento de Estudios Hispánicos

Universidad de Puerto Rico, Río Piedras



A partir del año 1492 el mundo moderno europeo tomó posesión de un territorio que llamarán América, cinco veces más grande que el suyo y que peseía 40 millones de seres, dos veces el número de habitantes de Europa Occidental. Este inmenso continente albergaba culturas diversas y diferentes, pueblos con estructuras políticas y económicas bastante desarrolladas en unas cuestiones y muy primitivas en otras. Era un territorio con una geografía plena de selvas y montañas, valles fértiles, zonas de riquezas minerales, territorios muy de provecho en capital real y simbólico para el afortunado expansionismo europeo que se estaba dando. Pero ya desde las narrativas iniciales del descubrimiento de América nos topamos con las trampas de los invasores . El primero en ver la nueva tierra fue Rodrigo de Triana, pero sería el propio Colón quien reclamaría la recompensa que había ofrecido la Corona. Se ampliaba el escenario para continuar los actos siniestros (trampas, engaños, intrigas) ya propios de los europeos y mucho más para los que realizarían contra los que llamaron "indios". No debemos idealizar nuestros indios tampoco, pues eran humanos, como todos nos creemos, pero la crítica a los mismos ahora no viene al caso.
     Como sabemos, el interés primordial de los iniciales descubridores españoles, era crear una nueva ruta comercial, obtener metales preciosos necesarios para la empresa que ya había emprendido Europa en su proceder capitalista de búsqueda de riquezas, que suplieran las demandas del desarrollo mercantilista, y para obtener las aclamadas especies orientales de que querían disfrutar la nobleza y burguesía europeas. Allí estaría presente también el brillo aúreo de la iglesia católica para bendecir mejor el acto ("con la cruz orando y con el mazo dando"). En cuanto al descubrimiento de América, el Cristóbal Colón romántico que nos presentan los libros se traduce en verdad en un hombre sagaz y ambicioso, muy oportuno para el inicio de toda esta empresa española y europea, como era de esperarse (y que parece hacerse "el tonto" y que a la larga fue traicionado en su "necedad", por el Poder mismo que lo bautizó). A finales de su vida fue muy atropellado por sus superiores, pero murió rico y en la cama.  Un tal Amerigo Vespucci (marino italiano que hizo varias expediciones (1499-1504) al territorio descubierto por Colón, publicó dos textos que describían acertadamente sus expediciones y planteaba que no eran tierras del área de la costa del Asia oriental sino todo un continente desconocido por todos los saberes de la época. En 1507 un cartógrafo llamado Martín Weldseenmüller publicó un mapa del mundo actualizado y en honor a Vespucci llamó al continente descubierto: América. Se iniciaba en Europa una modernidad en cuanto al viajar, el espacio, la velocidad (el tiempo), la tecnología, lo desconocido que esperaba por descubrirse, la misión obsesiva de cristianizar al "otro" subalterno (nosotros). Ese nuevo sujeto indígena sigue siendo hoy día en el siglo XXI, colonizado (junto al negro que luego fue traído como esclavo y al cual en los Estados Unidos le disparan a matar en los barrios de Estados Unidos, aunque tenga las manos en alto y sin que quien lo aniquila se imagine que este "negro" (Black American) tiene un hogar con esposa, con dos hijos esperando alimento y que es un ciudadano con derechos de estado, tal como quien lo agrede).
     En la época de Colón amplio era el debate (público y a ocultas) sobre cómo era la tierra. Ya para 1410 Ptolomeo había propagado la idea de que el mundo era redondo y la obra Imago Mundo, de Pierre D'ailey, sostenía que la tierra era asimétrica y había cuatro continentes en el mundo. Estas serían las ideas que influyeron el imaginario de Colón, quien pensó que cruzando el Atlántico llegaría al área dominada por los portugueses (que viajan a Oriente bordeando a África). Fueron los hermanos Pinzón (Martínez Alonso y Vicente Yáñes) los capitanes de la Niña y la Pinta, quienes asumirían el comando naval que llevaría al descubrimiento de las nuevas tierras, viajando desde España hacia occidente. La Santa María (nave dirigida por Colón) se hundió y éste fue rescatado. Sería él mismo quien escribiría y daría cuentas de toda la hazaña desde su punto de vista y protagonismo (en su Diario). Su papel fue fundamental en el proceso, pero no se debe olvidar que estas empresas son colectivas y que quedan escritas (y en el imaginario colectivo —lo virtual— para ser contadas) y poseen un punto de vista (un discurso, un texto) que debe ser reconocido con pensamiento crítico (escepticismo y duda racional y metódica). Con las narrativas de la época se ponía a prueba todo lo que para bien o mal había alcanzado la Modernidad y el Renacimiento europeos.
     Según el teórico de nuestro tiempo, Tzvetan Todorov (1939- ), en La conquista de America. La cuestión del otro (México: Siglo XXI, 1987), al llegar a América en búsqueda del Gran-Can, Colón actúa con la mirada de su propia mismidad europea ante la presencia de esa otredad (para ellos) que le proporcionaba el indígena. Colón manejó en lo implícito de su discurso interpretaciones (hermenéuticas) con tres criterios: humano, divino y natural. Primeramente esto se traduce al interés en la riqueza, la cristianización compulsiva y el disfrute de lo natural (incluida la belleza exótica de los indigenas). El "descubridor" fue, en este sentido, un hábil intérprete, benévolo, egoísta y visionario a la vez, a pesar de su mirada diferenciada hacia el otro, el cual ve dentro de criterios de su propia identidad (mirada inconsciente de su yo implícito) que se acercaba más a las historias que había leído de Marco Polo, y a un hombre religioso de consciencia pre-renacentista, católico y alcahuete de los imperiales reyes españoles.

Romántica representación del descubrimiento de América


La dura conquista y colonización efectuada desde España, bajo los reyes católicos, luego se continuaría con el Emperador Carlos V (1516-1556) y su hijo Felipe II (1556-1598). Hernán Cortés llevó a cabo la conquista de México, de 1519 a 1521, y Francisco Pizarro, la de Perú, de 1534 a 1537. La propia iglesia de Roma, como resultado de la invasión y el saqueo, obtendría grandes riquezas para la construcción de la Basílica de San Pedro. A principios de siglo XVI se les leía a los indios (obviamente en castellano) el Requerimiento que exigía convertirse a la fe del conquistador: "... certifico que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré guerra por todas las partes y maneras que yo pudiere, y os sujetaré al yugo y obediencia de la iglesia y de su majestad y tomaré vuestros hijos y mujeres y hijos y los haré esclavos y como tales los venderé, y dispondré de ellos como Su majestad mandare, y os tomaré vuestros vienes y os haré todos los males y daños que pudiere... (de Las venas abiertas de América latina de Eduardo Galeano, p. 19-20; ver, además, Imperios de Julio Crespo MacLennan, 55). En una ocasión, dicen los historiadores, un cacique diría, repecto del requerimiento: "el Papa debía estar borracho pues daba lo que no era suyo", y "el rey debía ser un loco pues pedía lo que era de otros" (MacLennan, 55-56). Pocos historiadores nos dejan saber qué opinaba el indio subalterno sobre las versiones oficiales de los vencedores europeos. La conquista de la modernidad colonizadora europea iniciaba una gestión en la cual no se tomaba en cuenta la vida cotidiana del sujeto que ya existía en América, solo se interesaba por su colonización política, económica, cultural y religiosa. De ahí la explotación y el genocidio del otro subalterno, en este periodo. Tampoco debemos idealizar la cultura indígena. El sólo pensar que los aztecas descuartizaban una cavidad toráxica todos los días para asegurarse que saliese el sol —el no haber todavía visto las cuestiones en sus debidos contextos– nos previene de tal. El primer genocidio de América lo realizarían los españoles en las islas del Caribe, pues eliminan los indios. Hoy día somos blancos, negros, mestizos o todo a la misma vez (como quien escribe).
     Una vez lograda la conquista inicial en el Caribe, se procedió a crear allí los “repartimientos” y “encomiendas”, que propiciaron a la larga la explotación de los trabajadores nativos (y luego africanos) para beneficio de una corona española carente de críticos significativos que dieran cuenta del cruel proceso que se estaba dando (excepto el cura y cronista, De las Casas, como veremos). En un principio el proceso de conquista y colonización se basó en la explotación de las minas de plata y oro, luego se establecieron las haciendas en las que trabajaba un peonaje esclavo y sometido a un regimen semi feudal. La política de España en lo económico, cultural y religioso era propia del monopolio del inicial capitalismo-mercantilista globalizado. Pero esto a la larga afectaría el desarrollo económico-social del territorio americano, como a Europa misma. España comenzaba a ser un imperio pero sin retener las necesarias riquezas internas; y qué mejor que la mano de obra barata (indios y luego negros), los minerales y la producción agrícola de América. Con todo el capital obtenido, la mala administración y política de los reyes en el siglo XVI, la nación se iría a la ruina. Todos creían a Felipe II rodeado de oro, cuando lo que tenía en su guarida imperial eran papeles de malas políticas oficiales. Las riquezas obtenidas de América no eran invertidas en obtenciones de otros bienes sino gastadas en deudas y lujos del estado Imperial. También los piratas robaron todo lo que pudieron.

     España tuvo la capacidad bélica para conquistar y colonizar ese nuevo territorio de manera abusiva y de forma muy distinta a como lo sugieren los libros tradicionales de historia. El proceso en verdad fue genocida y los españoles y los europeos en general no tuvieron la capacidad para reconocer apropiadamente ese “otro”, el ser distinto que acababan de descubrir y que sometieron a la esclavitud (a pesar, y gracias, al proceso evangelizador). España tenía la superioridad tecnológica renacentista, pero no la capacidad ética y moral, humanista, necesarias para tratar el otro apropiadamente (como quizás se lo pedía el cristianismo que pregonaban). Habría de ser cual ha sido siempre en la historia: el Otro Imperial se enfrenta genocida y violentamente ante el otro conquistado (ocurre en la actualidad). Los portugueses harían lo suyo comprando y capturando seres en África y trayéndolos como esclavos a América: peor los ingleses. Afirmarlo de esta manera puede sonar extraño pues la historia ha sido escrita por los blancos y es su versión la que suelen obtener nuestros alumnos actuales de América.
     España estaba organizada con una estructura medieval y a la vez moderna muy compleja, muy bélica y militar, que no propiciaba la reflexión ética y racional ante la otredad y el subalterno (el invadido y conquistado). La historia medieval española de los cinco siglos ya pasados estaba marcada por la llamada Reconquista, la violencia y las continuas batallas intestinas de la aristocracia. La reconquista desde el siglo XI había impulsado la mentalidad de recuperar lo que se consideraba el territorio antes arrebatado por los árabes en más o menos 711 (el sur de España, el Al Andalus). Este esfuerzo de reconquista los prepararía mental y bélicamente para enfrentarse con todas las fuerzas del Poder organizado contra esa otredad de América (que alimentaba aún más la agresión ya internalizada de los españoles invasores). Para los siglos XV y XVI, como nación, pese a la nueva tendencia humanista de la época, España carecía de un genuino pensamiento crítico con el cual se pudiera agenciar el Saber y los modos de justo proceder en la práctica histórica. Surgieron en el renacimiento libros en Europa,como "Discurso sobre la dignidad del hombre" (1493), Michael Montaigne, Ensayos (1580-1588), El elogio de la locura (1509) de Erasmo de Rotterdam, la Utopía (1516) de Tomás Moro, El Príncipe (1513) de Nicolás Maquiavelo. Pero en España no sería posible un pensamiento racionalista moderno, como lo sería el de Michel Montaigne (1533-1592) en Francia, e incluso Rotterdam (quien merodeó por España protegido por el rey), tendría problemas, debido a sus interpretaciones tan avanzadas. Solo se puede entresacar una perspectiva crítica frente al conservador y aún medieval Imperio mediante obras posteriores como La Celestina (1499) de Fernando de Rojas, Lazarillo de Tormes (1654, Anónimo, Don Quijote (1605-1615) de Cervantes. (Ver La gran novela latinoamericana de Carlos Fuentes). Pocos españoles lograban escribir desde la otredad (lo marginal, la diferencia) pues el control oficial de las voces de la iglesia y la monarquía eran casi totales y autoritarias. Grandes personalidades e instituciones del humanismo renacentista (como Antonio Nebrija y la Universidad de Alcalá de Henares (fundada en 1498) apenas comenzaban en España a influir en el pensamiento y el lento proceder de las instituciones oficiales y sus jerarcas (Ver Walter Mignolo, The Dark Side of the Renaissance, The University of Michigan Press, 2003).

     El genovés Colón llegó al área antillana en 1492, pero más tarde se inició la conquista de los territorios continentales. Hasta entonces los españoles habían encontrado en las Antillas pueblos dispersos que no presentaron oposición significativa pues eran quizás de los más primitivos y pobres del territorio conquistado (pese a los agresivos indios del sur del Caribe, considerados "caníbales"). Luego de los primeros años la cuestión sería diferente en las propias Antillas, pues los indios ofrecerían resistencias, pese a que morían a millares, víctimas de las enfermedades y matanzas de los españoles. Algo que impulsaría notablemente el exterminio de los nativos fueron las nuevas enfermedades traídas por los blancos, además del asesinato, los suicidios y las violaciones. La población indígena del Caribe disminuyó notablemente para mediados del siglo XVI. Hoy día en el Caribe vemos muchos mestizos, pero pocas caras genuinamente indias. Se calcula que de los 250.000 indios que había para 1492 solo quedaban 14.000 para 1517 (MacLennan 42). Una novelista actual (Carmen Boullosa, México, 1954) le reprocha incluso a Gabriel García Márquez, el que en Cien años de soledad (1967), no conciba que (en el imaginario y la realidad) los indios participaron en la recreación del mundo; los Buendía, fundadores del Macondo americano, son blancos y el ser indio no se problematiza ficticiamente en la mencionada novela (de Boullosa es la novela Cielos de la tierra, México: Alfaguara, 1997: 203).


Violencia y terror del Otro hacia el otro.

     En 1508 la explotación de las Antillas entró en crisis (se agota el oro) y fue necesario asumir nuevas campañas en territorios más amplios, como el mexicano. En 1517 los españoles tuvieron noticias de la existencia de este gran territorio donde abundaban el oro y la plata. Esto lleva a la conquista del territorio mexicano, la cual se realizó en el lapso brevísimo de dos años, entre 1519 y 1521, en una campaña en la que los españoles se aprovecharon de las pugnas entre los aztecas y los tlaxcaltecas y las supersticiones de sus líderes. Desde México, el propio Hernán Cortés organizó la conquista de otros territorios cercanos, que se siguió en Guatemala, Honduras y Nicaragua y llegó hasta las costas de Colombia y Venezuela. Ya desde 1503 España había recibido anualmente desde el Caribe cargamentos de otro por casi cinco décadas y ya había creado desde 1520 la productividad de hatos ganaderos y de terrenos agrícolas. Entre 1503 y 1550 se robo una cantidad de oro que sumaba 50 toneladas (J. Sued Badillo,  El Dorado Borincano..., 2001)
Cortés inició la violenta conquista del imperio Azteca desde Cuba en 1519, con pocos soldados y unos dieciséis caballos. En poco más de un año, los españoles sitiaron y lograron dominar la ciudad de Tenochtitlán. Dos nombres importantes en este proceso son: Moctesuma II, el emperador azteca que recibió a los españoles como seres superiores, y que cayó prisionero y murió en 1521, poco después de la llamada “noche triste” en la cual los españoles estuvieron sitiados por los aztecas, pero sobrevivieron. El príncipe Guachtémoc siguió luchando hasta el final, resistiendo la toma de Tenochtitlán y finalmente fue ejecutado por Cortés en 1525. Todavía hoy, la legendaria indigestión que suelen padecer los visitantes de la ciudad de México cuando toman agua local, se llama "la venganza de Moctezuma". Cuando los españoles llegan a América Central existían trece millones de aztecas, mayas (e incas) en los centros de mayor concentración; un siglo después se habían reducido a tres millones y medio. Sobre la desesperación del indio y su sentido de la inevitable llegada de la catástrofe y la muerte, el texto indígena Chilam Balam nos dice: "El ll Ahan Katum llegaron los extranjeros de barbas rubias, los hijos del sol, los hombres de color claro. ¡Ay, entristezcámonos porque llegaron!... El palo del blanco bajará, vendrá del cielo, por todas partes vendrá... Triste estará la palabra de Hunab-Ku, Unica-Deidad para nosotros, cuando se extienda por toda la tierra la palabra del Dios de los cielos..." [...] "será el comenzar de los ahorcamientos, el estallar del rayo en el extremo del brazo de los blancos..." (Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Cap. V).
Todorov afirma que el sentimiento de superioridad estratégico-militar y la mayor capacidad hermenéutica (a través del lenguaje, del superior saber y el manejo astuto de los signos) resaltaron entre los aspectos principales con los cuales Cortés derrotaría a los aztecas. Junto a la superioridad en el dominio espacial y discursivo también se dio un encuentro de dos concepciones del tiempo: la concepción circular de los indígenas (el calendario azteca y la leyenda del regreso de los dioses) y la concepción lineal de Cortés fundamentada en una marcha progresiva hacia la conquista con semióticas y estrategias más complejas y con tácticas del futuro manejo monetario. Los aztecas percibieron con ambigüedad a los españoles: o eran inferiores o eran superiores por ser o no ser dioses. Pero en realidad no podemos saber cómo era la mirada inicial del azteca hacia el otro español a quien no distinguía, tal vez, separado de su caballo y del sonido de su cañón. Para nuestra semiosis cultural sería como un centauro con una pelota explosiva y mortal. En la situación actual, estamos obligados-condenados a ver al "otro" indígena (y al negro) desde nuestra mentalidad eurocéntrica e hispana pese a que somos herederos simbólicos de la conquista y la subalternidad. Una gran crítico contemporánea se pregunta si el otro puede realmente hablar (Gayatri Spivak), y en verdad no somos ya ese otro sino un sujeto distinto que responde a la ideología tecnocrática y globalizadora actual que nos aleja incluso del hispanismo latinoamericanista de los cursos universitarios que hemos impartido a lo largo de la modernidad del siglo XX. Pero las perspectivas más justas al desarrollo de la cultura indígena en la actualidad han ido variando.El pensador materialista, Christopher Hitchens nos dice: "Una sociedad concreta, la maya, había conseguido también idear ese hermoso concepto de cero al que he aludido antes, y sin el cual el cálculo matemático resulta muy difícil,. Tal vez sea significativo que el papado de la Edad Media rechazara siempre la idea de "cero" por considerarla extraña y herética, tal vez al origen supuestamente árabe (en realidad, sánscrito); pero tal vez también porque albergaba una posibilidad espantosa" (Dios no es bueno. Alegato contra la religión, Barcelona: Debols!llo, 2012: 105-106).
¿Y qué de "la otra"?, ya que hemos hablado de lo que han realizado los hombres. Personaje principal, en el aspecto del dominio del lenguaje (y del eros) en la conquista de México fue la Malinche, una de las diecinueve mujeres que el cacique de Tabasco, en Yucatán, dio a los españoles como obsequio en 1519. Parece ser que su título en náhuatl era Malintzin, y había nacido dentro de la cultura azteca, pero desde muy joven había sido entregada como esclava a los Tlaxaltecas (mayas) de Yucatán. Ha sido vista en la historia como la Eva que permite la entrada de la serpiente (Cortés) en el México legendario. En realidad es la mujer abusada por el intercambio de los suyos, y quien se las arregla con las tretas de sobrevivencia de quien es doblemente subalterno (india y mujer) en un mundo de hombres. Cortés la hizo su amante, bautizándola con el nombre de Doña Marina. Fue fundamental como traductora porque, además de idiomas mayas, hablaba también el náhuatl de los mexicas y pronto aprendió el español. Cortés, en una de sus cartas, anotaba que, después de Dios, su victoria sobre los aztecas se debía a Doña Marina. Tuvo un hijo llamado Martín Cortés, a quien el conquistador reconoció como suyo. La Malinche se ha convertido en un símbolo muy importante, una especie de Eva mexicana: madre del mestizaje por su relación con el conquistador. En este país, hasta hace pocos años, el adjetivo "malinchista" era sinónimo de "persona traidora" ("La chingada"). (Ver interpretación de Octavio Paz, Cap. IV, "Los hijos de la Malinche", en El laberinto de la soledad). Recientemente, la figura de Malinche ha sido algo reivindicada como símbolo de las tretas y negociaciones que los oprimidos se ven llevados a realizar para sobrevivir y resistir (versión de las feministas actuales) sea mujeres o varones. En estas versiones se articulan las limitaciones de esta mujer como esclava, y se subraya su papel constructivo como mediadora, adquiriendo particular relevancia literaria e histórica para las poblaciones chicanas y latinas de los Estados Unidos quienes, como ella, tienen que navegar entre dos culturas y lenguas en condiciones de inferioridad frente al Otro imperial. Similar cambio de la visión de Malinche, como metáfora cultural, ha ocurrido en el México contemporáneo. La metáfora del "malinchismo" está cargada de machismo (incluyendo a De Paz) porque son los hombres quienes han dominado hasta hace poco la interpretación de la historia. Las feministas actuales y los queers luchamos contra esas interpretaciones equívocamente andro-heteronormativas (ver Carmen Boullosa).
     Las primeras narraciones del “Nuevo Mundo” se dan mediante cartas y crónicas escritas por los conquistadores que no eran historiadores de formación formal sino soldados, aventureros, simples hombres de acción que podían escribir. El primero de ellos fue el propio Colón (1451-1506) quien dejó Cartas sobre el descubrimiento (1493-1506), su Diario de viaje, que se conserva extractado por el documento que dejó el Padre Bartolomé de las Casas. Los críticos destacan la pobreza estilística de su lenguaje y su "inocente" mirada eurocéntrica. Pero se iniciaba con ello una manera globalizada e imperial de comunicar y sus criterios serían indicativos de un imperio europeo que dominaría varios otros imperios del suelo americano. Tal vez solo una Malinche postmoderna (actual) pueda expresarse como se debe para contarrestar el lenguaje andronormativo del Otro Imperial que ha durado hasta hoy día (¡y que parece no haber superado la mirada de Colón!). (ver Invasion and transformation. Interdisciplinary Perspectives on the Conquest of Mexico. de Rebeca P. Brienen y Margaret A. Jackson (Boulder: University Press of Colorado, 2008).
     La conquista debe ser vista teniendo en mente lo que era Europa en su historia y sus sujetos (individuos). Para 1492 España se había consolidado como una de las primeras naciones europeas de la era moderna, gracias a la unificación de un gobierno central, monárquico-señorial. Después de varios siglos de lucha armada contra la presencia musulmana en la Península Ibérica, se cumplió la llamada “Reconquista” desde el norte de España (los Pirineos) hasta la expulsión de los árabes en 1492 por los Reyes Católicos en Granada. Con la expulsión de los moros, Fernando e Isabel lograron el dominio de un nuevo reino unificado. El evento llevó a que expulsaran los individuos y grupos sociales que podían propiciar el posible adelanto en la capitalización y aburguesamiento de España (avances que no se dieron). Se extrajo del suelo nacional las manos de trabajo que podían crear la España pre-industrial y moderna en su economía productora de mercancías y no tan dependiente de los metales preciosos. Para esa época y meas adelante se decretó la expulsión de los judíos (o su forzosa conversión al cristianismo). España misma, con su fanatismo religioso, cerró la puertas a su modernidad de desarrollo capitalista, y sobrevivió gracias a las riquezas y la esclavitud de los indios y negros en América. Algunos humanistas han señalado que no sería nada injusto pedirle a la Corona española la devolución, a los árabes y judíos de descendencia española, así como a los indios y a los negros de América, de las riquezas “obtenidas” del trabajo de esos grupos. No estaría demás tampoco el pedido de una disculpa nacional a los grupos árabes y judíos expulsados injustamente de su patria. Si bien el poder español no hablaba de colonias (como otros países imperiales de Europa), consideraba los territorios de América “reinos”, una extención de la Corona. Se creó la Casa de Contratación (1503) y el Consejo de las Indias (1524); a la larga, mecanismos siniestros de control imperial. La clase hegemónica dominante desde el siglo XVI no eran exactamente miembros de la nobleza española sino segundones (hidalgos, soldados, aventureros, etc). De ahí surgieron las haciendas latifundistas, y la oligarquía latinoamericana que sufre un revés en las revoluciones del siglo XIX, pero que de otras formas se impone a la larga hasta hoy día. La revolución cubana que se inicia en los años 60 del siglo XX ha sido un intento o manera de enfrentarse a esta mentalidad oligárquica (en manos de terratenientes coloniales blancos) y al imperialismo estadounidense que los apoya con su dinero y milicia.
     Después de la llegada de Colón, la administración española crea una jerarquía muy rígida en Las indias correspondiente a sus intereses imperiales. El rey delegada directamente su autoridad a un noble español con el título de un virrey y se establecieron dos virreinatos: el de Nueva España (1535), con capital en la ciudad de México y el de Nueva Castilla (1543), cuya capital era Lima, que reemplazó el imperio incaico (Ecuador, Perú, Bolivia). Había territorios más militarizados, gobernadores por capitanes: las capitanías de Guatemala (hasta lo que hoy es Panamá), de Cuba (que incluía La Española y Puerto Rico), de Venezuela y Chile. (ver Luis Alberto Sánchez, Historia comparada de las literaturas americanas, 1973). No se debe pasar por alto que ya para 1521 Hernén Cortés había arrasado con la ciudad azteca (según Carlos Fuentes, "una Venecia india".  Se levantó en la ciudad azteca la capital del Virreinato de la Nueva España. Sobre el templo de Huitzilopochtli se construyó el palacio virreinal, sobre el antiguo palacio de Moctezuma se construyó un palacio que respondía al gusto español (Carlos Fuentes, La gran novela latinoamericana, México: Alfaguara, 2012: 27).

Resumiendo: Fueron tres las bases ideológicas y políticas con que se inició la expansión española en América. Primero había un ejército muy organizado y listo para nuevas conquistas heroicas en nombre del cristianismo (pese a que fueron complejos los obstáculos —huracanes, luchas entre ellos mismos, ataques indígenas, enfermedades, problemas con la metreopolis, etc.— que tuvieron los españoles para conquistar). Sinificativos serían el catolicismo, el idioma español y el absolutismo de la Corona como los elementos unificadores de la nueva identidad nacional y la subalterna. Ya había experiencia en estos aspectos provenientes de la propia historia y luchas en España. Hay que contar con la mentalidad expansiva, en busca de riquezas para continuar la Reconquista y sostener una economía basada en la guerra y en la posesión de tierras ya comenzadas en España. Se trató de una mentalidad aún militar (respaldada por lo religioso) y no nesariamente capitalista como se daría en el resto de Europa (Holanda especialmente). El comercio complejo y capitalizado comenzaba a florecer en Europa, y la compra y venta de mercancías era una dinámica social fundamental en que se traficaba el oro y la plata como metales preciosos de cambio. Con este capital se producían más mercancías y más condiciones de interacción económica. Mientras se creaba la compra-venta de mercancías producidas en los países, España empleaba sus riquezas monetarias y minerales (oro) extraídas gratuitamente de América para sostener a la aristocracia y costear las constantes guerras del imperio.

     La colonización de América se presentaba frontalmente como una misión que se disponía evangelizar y cristianizar el mundo. Pero en el nivel ideológico y más profundo se trataba de expandir el dominio de la Corona española, escudada bajo la fe católica y la misión religiosa de cristianizar. También la conquista de América fue una empresa privada y una hazaña nacional en que el liderato español luchaba por una parte como el Cid Campeador y otra por su cuenta y en pugna con la Corona misma. Trabajaban para provecho del rey y de la iglesia pero también como rebeldes vasallos y subalternos del poder (ver citas de Octavio Paz y su Laberinto de la soledad, más adelante).
     En el campo económico se trataba de encontrar metales preciosos, y una nueva ruta comercial más práctica para competir comercialmente con el resto de Europa y dar tierras y peones a los militares y nobles españoles y a la Iglesia. Son notables las imágenes de los conquistadores españoles con sus armaduras y caballos, acompañados por sacerdotes católicos, convirtiendo a los indígenas o luchando contra ellos, y fundando ciudades en nombre de Dios y del rey, sin respetar las normas del territorio conquistado (como también lo habían realizado frente a los árabes hispanos). Europa no había tenido una experiencia de tal magnitud en su territorio y no es hasta más adelante (como por ejemplo con Bartolomé las Casas) que surgen problemas legales al respecto de cómo tratar con justicia y dignidad a los indios conquistados. En España ese papel de defensa de la “otredad” la cumplirían los erasmistas (Lazariilo de Tormes y el Quijote, por ejemplo, son obras muy críticas del imperio español). No habeia cabida para una Modernidad que iniciara el "pensamiento crítico" en la España imperial, como en los demás países de Europa (también imperiales, pero de otra manera). Imposible un Descartes, y menos un Galileo, en suelo hispano. Ni se diga de un Da Vinci. En México sí hubo en la época barroca de la última mitad del siglo XVII una Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), quien sufriría las consecuencias de un suelo colonial dominado por mentalidades atrasadas y prejuiciadas, enemigas la inteligencia, la creatividad y la mujer. No había cabida para el discurso subalterno y menos el de una mujer como Sor Juana.

     Existía en América una institución judicial llamada la Audiencia, constituida por unos ocho oidores que controlaban a las autoridades políticas. Los virreyes, además, eran visitados con frecuencia por representantes del rey para supervisar su fidelidad a la Corona. Este complicado aparato político respondía, en parte, a la preocupación constante de la Corona española por controlar sus territorios en América. Pero también reflejaba los debates internos del gobierno español, que por un lado fomentaba el afán de lucro y el trabajo forzado de indígenas (y luego de africanos), pero por otro lado expedía leyes para proteger los derechos cristianos de los indígenas y prevenir los abusos. La autoridad era contradictoria y difusa. Un dicho común en las colonias era: “la ley se acata pero no se cumple”. Se reconocía el mandato del rey, pero sus leyes tenían poco impacto en la práctica cotidiana en las colonias. Por ejemplo, por razones religiosas y políticas, en todos los territorios españoles estaba prohibido el tráfico de esclavos –los traficantes de esclavos eran ingleses, franceses, portugueses y holandeses–, pero en realidad la compra y venta de esclavos africanos fue una parte fundamental de la economía colonial. Si bien los descendientes africano-americanos son ahora libres, no se les ha pedido disculpas por haber sido esclavizados. Casi todas las riquezas de América proviene de ellos, la población indígena y los otros trabajadores blancos.

     La pirámide social de las colonias ibéricas era bastante fija, y estaba basada en una clara distribución desigual de la riqueza y el trabajo. En la cima de la pirámide en América, con el mayor poder político y económico, estaban los españoles “puros” venidos de Europa. Junto a ellos, pero con menor influencia política, estaban los criollos: americanos de “pura sangre” española, que generalmente eran latifundistas y tenían pleno acceso a la educación. En el estrato medio, casi siempre artesanos o pequeños propietarios de tierras, estaban los mestizos: estos eran una mezcla de indígena y español. En escala descendiente había un gran número de otras “castas” o mezclas raciales: mulatos (negro y español), zambos (negro e indígena), etc. En la base de la pirámide y destinados a los trabajos más duros en las minas y la agricultura, estaban los indígenas y luego los esclavos africanos. A partir de fines de fines del siglo XIX serán los trabajadores o el proletariado menos remunerados por el capitalismo.

    Estas estructuras políticas y sociales también se expresaban en el desarrollo urbanístico. Las ciudades se organizaban alrededor de una plaza mayor central, donde se hacía el mercado semanal, y se encontraba el palacio de gobierno y la iglesia principal o catedral. Cerca de la plaza vivían las personalidades más influyentes –autoridades, familias adineradas de españoles o de criollos, y estaban los conventos y las universidades. En la periferia vivían los ciudadanos de menor categoría: mestizos, mulatos, indígenas. Así, las ciudades reflejaban la estratificación de la colonia, basada en la “pureza” de sangre española, y con muy pocas posibilidades para ascender en la escala social. Pero esta estructura expresa también el continuo contacto entre clases y grupos diferentes en la plaza mayor, para el mercado, las Audiencias, y las festividades religiosas que, además del contacto sexual entre las distintas castas, creó el sincretismo cultural y racial que hoy caracteriza a América Latina. Muchas de las costumbres, estilos y modos de ser de las culturas indígenas y negras se van colando paulatinamente hasta crearse un sincretismo cultural que confiere la identidad latinoamericanista de hoy día (ver a Canclini).

Durante este largo periodo el propósito fundamental de la corona española fue defender la religión católica y el obtener provecho económico de sus colonias. Las aldeas se trasformaron en ciudades florecientes y se asentó el régimen tradicional que conocemos hasta nuestros días: el de la desigualdad social entre la burguesía urbana blanca o mestiza y (en aquella época) las comunidades aborígenes condenadas a la desaparición o a ser asimiladas como esclavos. Varios libros de historia suelen incluso hoy día obviar estas perspectivas del "otro" explotado y oprimido.   La causa imperialista tuvo uno de sus mayores exponentes en Juan Ginés de Sepúlveda (1490?-1573), quien se oponía a la idea de una concepción de derecho internacional que protegiese a los invadidos (y a todos los pueblos) y creía que por naturaleza (basándose en Aristóteles) los indios eran una raza inferior y dada al servilismo natural. De las Casas fue un gran rival de estas ideas al decir: "Hoy día no existe ni puede existir nación alguna, por bárbaras, feroces o depravadas que sean sus costumbres, que no pueda ser atraída y convertida a todas las virtudes políticas y a toda la humanidad del hombre doméstico, político y racional". (Es una proposición que hoy no nos puede parecer tan liberal, pero para sí lo era).

Los aborígenes fueron asignados para trabajar en las tierras del encomendero y los negros fueron traídos de África para laborar arduamente en las minas. Este encuentro de culturas dio como resultado el mestizaje y la psicología subalterna, parte de nuestro principal rasgo cultural que incluso hoy día no es tan tampoco reconocido como algo importante y seminal para entender el desarrollo y construcción de la identidad. Pero debemos reconocer que a la larga no estamos solos pues todo el territorio americano, incluyendo a Canadá y Estados Unidos es mestizo. También no se debe ignorar que Europa misma era mestiza y hoy día lo es más. Las migraciones y fijaciones de la identidad son parte de la humanidad.
Para algunos estudiosos acuales (post-coloniales como Walter Mignolo) la mirada del "Otro" (el sujeto dominante que llaga a América) parece ser, mas bien, un invento de la incomprensión de Tzvetan Todorov, quien al ponerse en contacto con la obra Orientalism (1978) de Edward Said (1935-2003), se le ocurrió una analogía que confundió el orientalismo con el occidentalismo y que tomó con una noción psicoanalítica (construida sobre la cuestión del sujeto moderno) los genocidios históricos que se tejieron desde el siglo XVI mediante la articulación e implementación de la "limpieza de sangre" (para expurgar a judíos y moros) y del "derecho de gentes" (argumentado en la escuela de Salamanca). Mas estos criterios no son del todo válidos.
Habría que tomar en cuenta, según Mignolo mismo, tres grandes momentos del "Occidentalismo": el de los grandes relatos que legitiman la anexión y conversión de los indios, que son producidos durante y en complicidad con el imperio hispánico. A manera de ejemplos: Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias (alrededor de 1545), Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1542) y Apologética Historia Sumaria (1555), Juan López de Velazco, Geografía y descripción universal de las Indias (1571-74) y José de Acosta, Historia Natural y Moral de las Indias (1590). Son los primeros textos y discursos que configuran el macro-relato del inicial momento del occidentalismo, y continúan hasta finales del siglo XVIII, donde encontramos, libros como Diccionario Geográfico de las Indias Occidentales (1786-1789) de Antonio Alcedo y Herrera que ya nos insertan en otro periodo ilustrado.
El paradigma que anima este pensamiento (relato) es la modernidad en la cual el planeta y la historia universal se piensa en relación a un progreso temporal de la humanidad, desde lo primitivo hasta lo civilizado, de acuerdo con la mentalidad europea. Este relato hasta más o menos los años de 1970, con los sucesivos movimientos de descolonización en África, Asia y el Caribe. El relato que inaugura Humboldt antes (Cosmos: Sketch of a physical description of the universe, 1846-58), piensa el Nuevo Mundo en el momento del auge de las investigaciones científicas impulsadas por la revolución industrial hacia finales del XVIII y comienzos del XIX. Este tercer relato, en el que la modernidad se piensa en torno al progreso de la investigación científica, se considera en proyectos como los de T. Todorov, cuando dice que "todos descendemos de Colón" (1982). Esto es: el relato de Carlos H. Humboldt (1767-1835) tiene todavía vigencia en la construcción europea de su propia identidad, la cual depende mucho del viaje de Colón y la importancia que se le presta en la construcción de los tres grandes relatos del occidentalismo. El descubrimiento de Colón es una circunstancia histórica inevitable y parte de un proceso y no tiene por qué ser alabada o privilegiada como suceso que nos trae una bendición o adelanto histórico-cultural. Es un proceso histórico objetivo con sus beneficios y desgracias.
En su libro The Darker Side of the Renaissance, el pensador argentino propone que los conocimientos historiográficos, lingüísticos y geográficos en el siglo XVI no se ligaban conscientemente con el inicio de la expansión europea y representaron la colonización de la memoria, el lenguaje y el territorio de los pueblos amerindios. En este y otros escritos posteriores, Mignolo ha procurado mostrar que la ciencia moderna produjo objetos de conocimiento tales como "América", "Indias Occidentales", "América Latina" o "Tercer Mundo", que funcionaron en realidad como estrategias colonialistas de subalternización a las que todavía estamos sometidos en nuestra estructura mental. Es de esa manera que la modernidad colonialista debe ser vista como un proyecto intrínsecamente esclavista y genocida. La ciencia moderna ha sido cómplice directo de lo que Mignolo llama los "tres grandes genocidios de la modernidad": la destrucción de las culturas amerindias, la esclavización de los negros en Africa y la matanza de los judíos en Europa. Si bien Mignolo emplea un nuevo lenguaje de los Estudios Postcoloniales, no deja de re-articular muchas de las ideas ya expresadas por intelectuales anteriores (iniciadas por De las Casas).



Movimiento Literario. Cartas, crónicas:

 historia y literatura


Importantes, como los hechos mismos, fueron las crónicas y cartas de la conquista y colonización en América que alimentaron el imaginario de los europeos y crearon las bases de lo que se conoce hoy como la literatura latinoamericana. Esto es sin dejar de mencionar que ya allí existía una cultura de los pueblos aborígenes que son quienes verdaderamente iniciaron el proceso literario y cultural de lo que hoy conocemos como América. El Popol Vuh (Libro del Consejo, Libro del Común, etc.) es uno de los más antiguos documentos literarios de América creado por los Mayas.  Trata de la creación del mundo, los dioses y la genealogía de los jefes. Fue Fray Francisco Jiménez  (llegó a Guatemala en 1688) quien conoció el original en quiché y lo tradujo al español (hoy día se encuentra en Newberry Library de Chicago). También  en 1844 se descubrió un manuscrito: Memorial de Solalá, escrito por un noble rey pero con mentalidad colectiva. También existe El libro de Chilam Balam, escrito en lengua maya durante los siglos XVI y XVII. Muchos de los tratados fueron destruidos por los misioneros católicos españoles por ser nocivos para la catequización indígena.

El maya, el tolteca, el aimará, el guaraní son lenguas empleadas incluso hoy día. El famoso cronista Gonzalo Fernández Oviedo nos comenta que los Areytos o cantares colectivos eran mucho más que simples rituales de comunicación. Nos dice: “luego hacen que sus hijos aprendan y sepan muy de coro la manera de la muerte de los que murieron de manera que no pudieron ser allí puestos, y así lo cantan en sus cantares que ellos llamaban areitos” (Historia general…). Se conserva también una pieza dramática, Rabnal Achi de los quichés, una tribu maya.

También hubo una literatura Nahuatl que para principios del siglo XVI se vio obligada a cambiar debido al mestizaje. En 1770 el P. Antonio Valdés encontró un drama (en diálogos) quechua titulado Ollántay. (Ver el primer capítulo del libro de Luis Alberto Sánchez para más detalles).

Los aztecas poseían grandes conocimientos astrológicos como lo demuestra el “calendario Azteca”. Practicaron la pintura, la escultura y la arquitectura, cerámica, orfebrería, tejidos y joyería. Tenían un teatro ritual dedicado a los dioses, los Cuentos de Netzahualcoyotl, y una cultura oral de gran riqueza.

La civilización de los incas practicaba un sistema de memorización en quipus, realizados con cordeles con nudo de diversos tamaños y colores. Los haravecs eran recitadores profesionales; podían alcanzar cantos verdaderamente filosóficos y muestras de poesía lírica (Gomez Gil).

En España, en 1492, Antonio Nebrija expone el Arte de la lengua castellana, primera gramática impresa en idioma moderno. El hecho nos muestra la gran capacidad y alcance de la intelectualidad occidental, que no se traducía, como señalamos, en inteligencia emocional para con el “otro” (ver Todorov) a pesar de los preceptos cristianos que acompañaba a la cultura europea. (Mas no es de pasar por alto que si un texto religioso presta atención al "otro", es el Nuevo Testamento). Se encuentra también toda una literatura fantástica medieval y una mentalidad de reconquista que contribuyó a la formación que los españoles descubridores luego emplearían como signos mediadores para ver al indio americano (con mucho de consciencia caballeresca-medieval que justificaba la violencia contra esa otredad).

La literatura de América Latina, desde la época colonial hasta el siglo XXI, está llena de alusiones a las crónicas hispánicas. Desde ellas se reconoce la mirada prejuiciada que se adoptó implícitamente con su foco eurocéntrico. La más conocida y citada sobre México fue La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1568) de Bernal Díaz del Castillo (1495-1584). Las más leídas sobre el Perú fueron La primera nueva crónica y buen gobierno (1615) del andino Felipe Guaman Poma de Ayala, y los Comentarios Reales 1609-1617) del mestizo Garcilaso de la Vega, el Inca (1539-1616). Sobre el área del Caribe, donde comenzó la colonización, la crónica que han presentado como más polémica es la del fraile dominico Bartolomé de las Casas (1474-1566). En su Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552) criticó enérgicamente el maltrato a los indígenas y se convirtió en una obra precursora de los derechos humanos como los conocemos hoy. En esa obra están los fundamentos del pensamiento liberador americano en su sentido étnico y globalizador. Los inicios de la jurisprudencia y ética moderna resaltan en el libro.

La literatura latinoamericana comienza con los escritos de los españoles conquistadores y por lo tanto responde a su mentalidad medieval y renacentista de los siglos XIV y XV de Europa y en particular de España, nación esta muy moderna en muchos aspectos y muy atrasada en otros. El primer cronista fue el propio Cristobal Colón (1451-1506), mediante sus cartas. Las primeras se imprimieron en 1493 y muestran el temple medieval, simplista, amable, ambiguo y astuto a su vez, de este singular sujeto de la historia de la humanidad. Lo acompañó en el viaje Diego Alvarez de Chanca y Hernando Colón (1488-1539) en el cuarto viaje. Este escribió Vida del Almirante don Cristóbal Colón, presentando la historia del descubrimiento desde la perspectiva de su familia.  Excepcional es la Summa de Geografía (1519) de Martín Fernández de Encino. Importantes son las cartas de Américo Vespucio (no fueron escritas en castellano, pero fueron muy leídas en latín).  Si bien aluden al indio como “noble salvaje”, también se refieren a su inferiordidad y como seres sin alma. La violencia contra el indio americano y su exterminio genocida fue amplia y la mención de este aspecto es bastante reprimido en la actualidad. Bartolomé de las Casas defendió el principio legítimo de evangelizarlos pacífica y legalmente. Su Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552) presentó con pasión los atropellos cometidos contra ellos y para muchos historiadores de las Casas exagera (...no podemos entender cómo).

Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557) vivió en América y fue funcionario de la Corona. Escribió Historia General y natural de las Indias desde 1492 hasta 1555. Es crónica más que historia pues expone un tiempo en formación presente y no de un pasado. También escribió Historia de las Indias, la cual presentó oficialmente al Rey en 1526. Desprecia al indio, pero ve la rapacidad de los conquistadores (aunque esto le parece accidental, mientras que lo de los indios lo ve como “esencial” (Anderson Imbert). Veía a los indios con alma, pero carentes de racionalidad. A su entender el cristianismo les daría luz y entendimiento (sigue en este mito a San Agustín y a Aristóteles) para que eliminaran el satanismo y la idolatría. Es uno de los cronistas destacados por el canon (y como vemos de los más equívocos y prejuiciados).

Hernán Cortés (1485- 1547) envió entre 1519 y 1526 cinco cartas a Carlos V. La primera se ha perdido y dejó un testamento. Fue el primero en describir la grandeza de una nueva civilización como la azteca, pero la vio con ojos de soldado, de intriga, sinuosidad política, planes de manipulación, mentira, brutalidad. Supo apreciar la capacidad de organización social de los aztecas, y el que venciera se debió a que poseía las nociones jerárquicas e imperialistas de su época y su rango. En la segunda carta dice:

Estaba tanta cantidad de ellos [los aztecas] que los astilleros no tenían necesidad de puntera, sino asestar en los escuadrones de los indios, aunque hacía mucho daño, porque jugaban trece arcabuces, sin contar las escopetas y ballestas, pero hacían tan poca mella que parecía que no lo sentían, porque por donde llebaba el tiro diez o doce hombres se cerraba luego de gente, de modo que no parecía que hacía daño ninguno. (Alberto Sánchez 70).

     Bernal Díaz del Castillo (1492?-1584) fue un soldado que reconoció la eficacia militar de Cortés. Su Historia verdadera de la conquista de la nueva España es para muchos críticos una de las mejores obras de la época. Contrasta con el libro de Las Casas. Alvar Núnez, Cabeza de Vaca (1490?- 1559?) escribió los famosos Naufragios que pueden ofrecer un gran interés antropológico al presentarnos las costumbres del indígena, y de un español como él, exhausto y desamparado en tierras americanas con una naturaleza muy hostil. Recorrió a pie un vasto territorio (desde el Golfo de México hasta California) y con nueve años en cautiverio a cuestas, que lo convirtieron en casi un indio. La obra tiene mucho de novelística y de testimonio.

Bernardino de Sahagún (1499—1590) fue un franciscano autor de un número de obras en náhuatl y español consideradas hoy entre los documentos más valiosos para la reconstrucción de la historia del México antiguo antes de la llegada de los conquistadores españoles. Hacia 1520 se trasladó a Salamanca para estudiar en su Universidad, por entonces un centro de irradiación del Renacimiento en España. Allí aprendió latín, historia, filosofía y teología. Decidió entrar en la orden franciscana, y se ordenó probablemente hacia 1527. En 1529 partió hacia la recién conquistada Nueva España (México) en una misión acompañado de una veintena de frailes, encabezados por fray Antonio de Ciudad Rodrigo.

Desde el comienzo en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, el fraile franciscano enseñará latín. El propósito del Colegio era instruir académica y religiosamente a jóvenes nahuas, a aquellos hijos de nobles. Formó discípulos que luego serían sus colaboradores en sus investigaciones sobre la lengua y la cultura nahuas. Su imparcialidad como etnógrafo no es hoy día unánime pues se dice que destruyó documentos aborígenes y como avangelizador contribuyó a la destrucción de la antigua documentación de la cultura méxica.

Francisco Pizarro descubrió en el Perú una civilización desarrollada, como Cortés en México, una vez era inevitable la continua expansión de los conquistadores. Después de 1530 las exploraciones continuaron en el territorio de América más al sur, donde encontraron nuevas riquezas y sujetos y territorios que explotar económicamente. Pedro Cieza de León (1508-1560) dejó una compleja e interesante crónica sobre la conquista del Perú. La Parte primera de la crónica del Perú se publicó en 1553, la segunda, Del señorío de los Incas, en 1880, y la tercera en 1946. Ve a los indios como salvajes crueles capaces del “pecado nefando de la sodomía”. Existen también de Agustín de Zácarate, Historia del descubrimiento y conquista del Perú (1560), y de Pedro Sarmiento de Gamboa es Historia de los Incas, y etc. Luego aparecerían crónicas del Amazonas y del Río de la Plata.

Pizarro comenzó la conquista del imperio de los Incas desde Panamá en 1531, con doscientos soldados y unos 65 caballos. Para 1532, los españoles habían cruzado la cordillera de Los Andes hasta el pueblo inca de Cajamarca, donde se enteraron de que el ejército inca tenía miles de soldados. Allí, los conquistadores solicitaron entrevistarse con el Inca Atahualpa, quien poco antes se había coronado como emperador tras una guerra civil contra su hermano Huáscar. El Sapa Inca (jefe supremo), considerado un semidiós entre su gente, no estaba particularmente preocupado por la amenaza de los extranjeros y, después de hacerlos esperar varios días, llegó con unos trescientos guardaespaldas ligeramente armados. Pero, a su llegada, los españoles atacaron e hicieron prisionero al emperador, quien aceptó llenar de oro y plata un amplio salón de 17x22x10 pies para pagar su rescate. Sin embargo, una vez recibido el pago, Pizarro decidió ejecutar a Atahualpa e instaló en el poder a líderes incas fácilmente manipulables. Para noviembre de 1533, los españoles marcharon sobre Cuzco, la capital del Tahuantinsuyo (imperio incaico), sin encontrar resistencia. Pero, ya que Cuzco era demasiado remoto dentro de las montañas, Pizarro decidió fundar en 1535 cerca de la costa una nueva capital para el imperio español, la ciudad de Lima. Allí murió en 1541, asesinado por otros españoles.

     Machu Pichu (del quechua: machi pihchu o Montaña Vieja) es el nombre contemporáneo que se da a una llaqta (antiguo poblado andino incaica, construido a mediados de siglo XVl) en el promontorio rocoso que une las montañas en la vertiente oriental de la Cordillera Central, al sur del Perú. 

Según documentos de mediados del siglo XVI, Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso de Pachacútec (primer inca del Tahuntisuyo (1438-1470).  Algunas de sus mejores construcciones y el evidente carácter ceremonial de esta extraordinaria estructura demuestran que fue usada como santuario religioso. No se debe descartar el carácter militar del lugar y su mito, que vinculan la fortaleza incluso a los relatos extra-terrestres.

     Machu Picchu es una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería que rivaliza con lo que podían construir los españoles mismos. Sus peculiares características arquitectónicas y paisajísticas, y la atmósfera de misterio que ha definido su entorno, la gran cantidad de literatura publicada sobre el lugar (como parte de Canto General (1950) de Pablo Neruda), la han convertido en uno de los hermosos referentes culturales, letrados y de poéticas, y en uno de los destinos turísticos más populares y atractivos del planeta.

Los ideales “caballerescos” de los conquistadores es otra característica que claramente resalta en las crónicas. Los conquistadores indianos, muchos de ellos pertenecientes al bajo pueblo en España, vieron en las tierras recién descubiertas la oportunidad de convertirse en el modelo que las novelas de caballería habían implantado en su imaginario. El conquistador español trató de emular la conducta del caballero andante. Así, más allá del relato de la búsqueda del oro y de la fama, se equiparó en las crónicas los hechos de los conquistadores con las imaginarias proezas de los héroes de las ficciones de caballerías (en la elaboración de este efecto, los cronistas Francisco López de Gómara, Bernal Díaz del Castillo, Francisco de Xerez o Pedro Pizarro, fueron los más conspicuos).

Colón en su “Diario Del Primer Viaje” permite ver fácilmente cómo su imaginación se deja arrastrar por el mundo que observa: “La mar llana como un río y los aires los mejores del mundo… el cantar de los pájaros es tal que parecen que nunca se querría partir de aquí, y las manadas de papagayos oscurecen el sol”. La misma imagen de la naturaleza desbordante se ofrece en la carta que Américo de Vespuccio dirigió a Lorenzo de Medici en 1500: “Los árboles son de tanta belleza y tanta blandura que nos sentíamos estar en el paraíso terrenal, y ninguno de aquellos árboles ni sus frutos tenían semejanza con los de estas partes, y por el río vimos muchas clases de peces de variadas formas”.

En muchos de los relatos de esa época predomina la exaltación frente a la exuberancia del ambiente natural: se habla de playas llenas de perlas, de la infinita variedad de árboles y animales, que para los españoles resultaba difícil de comparar con lo que conocían y, por tanto, solo podían referirse a ella en tono hiperbólico o exagerado.

"Yo seguí la parte del setentrion, así como de la Juana, al oriente ciento é ochenta y ocho grandes leguas, por linea recta, la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo: en ella hay muchos puertos en la costa de la mar sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y farto rios y buenos y grandes que es maravilla: las tierras della son altas y en ella muy buenas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Teneryfe, todas fermosísimas, de mil fechuras, y todas andables y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parecen que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la foja, segun lo pude comprender, que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España. Y dellos estaban floridos, dellos con fruto, y dellos en otro término, segun es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaritos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o de ocho maneras, que es admiración verlas, por la diformidad fermosa dellas, mas así como los otros árboles y frutos é yerbas: en ella hay pinares á maravilla, é hay campiñas grandísimas, é hay miel, y de muchas maneras de aves y frutas muy diversas. En las tierras hay muchas minas de metales é hay gente in estimable número".

En la literatura moderna (del siglo XX) latinoamericana, esta hipérbole originada por la maravilla vistosa de la realidad americana, dio lugar a lo que denominó como “lo real maravilloso” o “realismo mágico”, tema esencial en escritores latinoamericanos posteriores, del siglo XX, como Alejo Carpentier, Emilio S. Belaval, Lezama Lima, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes Miguel Ángel Asturias. Ellos han convertido este tópico en uno de los rasgos más extraordinarios de su narrativa. Luego de los años 80 del siglo XX, en adelante, los nuevos escritores se tornan muy irónicos y paródicos respecto de esta mentalidad (habría que ver a los analistas postcoloniales. Ver Bibliografía).

De las crónicas de los soldados que llegaron a América, y que fungieron como historiadores, surgieron las imágenes de un nuevo mundo, extraordinarias y prodigiosas, llenas de paisajes obviamente nunca vistos. En estos textos, cuyo valor es histórico y al mismo tiempo literario, se habla por primera vez del paisaje americano. América se convierte en lenguaje para el Otro imperial y es éste quien la domina. Para registrar las primeras imágenes del nuevo continente, se tuvieron que adoptar nuevas palabras al castellano para describir fenómenos nunca antes vistos, como “huracanes”  “guacamayas”, “papayas”, “chirimoyas”. La mayoría de los descubridores y conquistadores eran gente inculta; muchos soldados eran analfabetos e incluso reclutados en las cárceles, o aventureros o vagabundos que no tenían otra alternativa que lanzarse a la suerte a un mundo desconocido. Pero también había hombres sumamente cultos y letrados –como el misionero Fray Bartolomé de las Casas, quien era un erasmista. Así, con esa gran complejidad y pluralidad de interacciones humanas e inhumanas surgieron las crónicas que dejaban ver el proceso del descubrimiento y la conquista. Hoy día las vemos como versiones que atienden al “otro” subalterno desde una mentalidad del Otro eurocentrista, con prejuicio, crueldad y sin genuina consciencia de la justicia y la dignidad de que tanto hablaban los Humanistas renacentistas.

Existen dos tipos de crónicas: las que fueron escritas por los soldados y descubridores, quienes relataron lo que vieron y padecieron, y las escritas por los eruditos europeos, quienes las redactaron a partir de lo que leían e imaginaban de acuerdo a la mentalidad renacentista de la época europea. Éstos eran más famosos en Europa que los auténticos aventureros cuyas obras se perdieron o se publicaron varios siglos después. Por ejemplo, la obra de Bartolomé de las Casas no fue publicada hasta el siglo XIX; mientras que las cartas de Vespuccio fueron publicadas en italiano en 1504, inmediatamente después de su escritura.

En 1552, Francisco López de Gómara publicó Historia De las Indias y Conquista de México. El libro llegó a manos de un soldado que montó en ira al leer lo que otro escribía “de oídas”, entonces este soldado, llamado Bernal Díaz del Castillo, a sus 86 años comenzó a escribir La Verdadera historia de la conquista de la Nueva España, considerada la mejor obra escrita en esos tiempos, por su espontaneidad, por la fresca descripción de los ámbitos y detalles de sus vivencias. No obstante, está llena de los prejuicios y necedades propias de la época eurocentrista y nada que decir de mentalidad androcéntrica que los hispanófilos de hoy día siguen alabando. Juan de Ovando fue nombrado por Felipe II en 1569 para que analizara cuanto documento encontrase sobre el gobierno de América.


Otro gran cronista fue un mestizo, un antiguo príncipe inca convertido después en reposado erudito cordobés: el inca Garcilaso de la Vega (1539-1616). Era hijo de la realeza inca por parte de madre y estaba emparentado con el poeta Jorge Manrique y el Marqués de Santillana. Escribió Historia de la Florida (1605), Comentarios Reales (1609), Historia del Perú (1617), obra póstuma) En sus famosos Comentarios Reales (publicado en Lisboa, 1609) relata los episodios del reino de los incas, desde la fundación del Cuzco hasta las guerras civiles y la dominación final por parte de los españoles. Una de las mejores crónicas de indias es su obra Historia de la Conquista de la Florida. El inca era hijo de un capitán español y de una nieta del antiguo monarca Tupac Yupanqui. Su formación era la de un erudito renacentista, pleno en su pensar de platonismo y utopías de la época, pero que recordaba bien y con agrado las historias míticas de su antiguo pueblo en América. Es un sujeto híbrido en su raza y en su discurso, pues era un subalterno por más bien que conociera a Europa y luchara por España misma, como militar.

Su obra aparece en 1609 y constituye un intento de dotar al Perú de una historia que recoja todos los aspectos de su devenir social y cultural. La obra está dividida en dos partes, la primera consta de 9 libros y la segunda de 8. La parte inicial recoge lo concerniente a los incas (dioses, leyes, formas de gobierno e instrucciones) antes de la llegada de los españoles a su territorio. Con una prosa clara y expresiva, el Inca ofrece datos de la economía política y se vale de fuentes orales y escritas e incluso de recuerdos de su infancia para estructurar su relato. Se presenta como uno de los iniciales lingüistas y etnólogos de nuestra híbrida cultura latinoamericana.

En general es veraz y muchas veces aporta documentos de primera mano. Se le acusa de idealizar el pasado, pero hay que considerar todo lo que tenía de humanista, y cabe considerar el utopismo renacentista que debió marcarle fuertemente. El inca veía una uniformidad psicológica al comparar al indio con el hombre de la antigüedad o con el español de su tiempo y no podemos pedirle que concibiera lo que hoy entendemos como la "diferencia" subalterna del otro".

La segunda parte de los “comentarios”, publicada en forma póstuma, lleva el título de Historia general del Perú (1617). En ella se ocupa del descubrimiento y los sucesos que desencadenaron las incursiones españolas en el territorio inca. Recoge también las desvanecias que surgían entre los españoles y culmina con la ejecución del príncipe del imperio a manos de los conquistadores.

Pese a que el libro fue prohibido en principio por el Consejo de Indias, por considerarlo instigador y peligroso en manos de algunos nativos letrados, Garcilaso era partidario de la conquista española y la veía como algo guiado por la divinidad. Habiendo nacido en América, y siendo su sangre indígena, adopta la forma de vida del conquistador y su tímida critica es resignada y en verdad débil. No creo que pudiera ser de otra manera en el contexto en cuestión. (Hoy día varios teóricos llamados "postcoloniales" se ocupan de someter este texto a nuevas interpretaciones).

Algunos critican sus narraciones por considerarlas excesivamente utópicas, pero las investigaciones modernas confirman la veracidad de muchas de sus informaciones en la mayoría de los hechos, a excepción de los citados por el autor, como leyendas. En este aspecto el Inca puede ser considerado uno de los primeros etnólogos serios de América y un gran prosista iniciador del ensayismo americano. Sobre todo, el libro es escrito con gran consciencia estilística que marca ya muchos de los aspectos formales del ensayismo latinoamericano.

Se destacan dentro de los comentarios, las descripciones y relatos acerca de la fastuosidad de sus antepasados: "uno de los principales ídolos de los reyes incas y que sus vasallos tuvieron fue la imperial ciudad de cuzco, que la adoraban los indios como a cosa sagrada, por haberla fundado el primer Inca Manco Capac, y por las innumerables victorias que ella tuvo en las conquistas que hizo, y por que era casa y corte de los incas sus dioses… por tenerla en esta veneración la ennoblecieron aquellos reyes lo mas que pudieron con edificios suntuosos y casas reales, que muchos de ellos hicieron para si”.


Pero muchas de otras crónicas fueron escritas por hombres supersticiosos, ignorantes, perplejos ante el mundo y las empresas que acometían. Balboa, Cortés, Pizarro, Quesada, De Soto, Balcázar, Valdivia, Mendoza, han sido, por su temeridad, convertidos en los héroes de estas gestas. Subieron a los Andes, dos veces más altos que los Alpes europeos, alucinandos en la búsqueda de países colmados de oro y cruzando selvas ignoradas que, en su imaginación estaban pobladas de enanos y gigantes y seres y cosas extrañas y maravillosas a la vez. Muchas expediciones que no naufragaron en el atlántico, fueron devoradas por las selvas y los montes interminables. De ahí luego surge la mentalidad mítica que se recoge en Cien años de soledad (1967) del novelista colombiano Gabriel García Márquez.     

Una de las obras de la conquista, más prodigiosas, que hablan de este paraíso es El Sumario De La Natural Historia De Las Indias del autor Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1556), quien la obsequió al emperador Carlos V en 1526. Esta es una obra fresca, ingenua y espontánea en la que abunda el “realismo” en medio de las más extraordinarias maravillas. Francico Fernández de Salazar (1513-1575) fue uno de los más cultos cronistas y su obra La Historia de la Indias o Crónicas de la Nueva España, permaneció inédita hasta 1974 (la publicó el Hispanic Society of USA).

No todas las crónicas hablan de un universo fabuloso. Hay algunas en las que de manera muy lúcida se denuncia la destrucción del nuevo mundo. En breves años, comarcas enteras fueron asoladas y pueblos nativos fueron exterminados. Los españoles no solo trajeron el látigo, las armas de fuego y la sed de oro, sino también enfermedades desconocidas para los nativos como la viruela y la sífilis. En algunas regiones como en la Patagonia, los indígenas acostumbrados a su desnudez fueron obligados a llevar prendas, que al mantenerse húmedas les causaron pulmonía, enfermedad que diezmó considerablemente la población. Como se dijo antes, uno de los textos clásicos que denuncia esta tragedia étnica fue escrito por el fraile Fray Bartolomé de las Casas. Desafortunadamente, la solución que dio el fraile al rey de España, para proteger a la población indígena, fue tan lamentable como el mismo problema: Reemplazar a los indios por esclavos africanos. En Brevísima relación de la destrucción de Indias, dice:

"No y mil veces no, ¡paz en todas partes y para todos los hombres, paz sin diferencia de raza! Sólo existe un Dios, único y verdadero para todos los pueblos, indios, paganos, griegos y bárbaros. Por todos sufrió muerte y suplicio. Podéis estar seguros de que la conquista de estos territorios de ultramar fue una injusticia. ¡Os comportáis como los tiranos! Habéis procedido con violencia, lo habéis cubierto todo de sangre y fuego y habéis hecho esclacos habéis ganado grandes botines y habéis robado la vida y la tierra a unos hombres que vivían aquí pacíficamente… ¿Creéis que Dios tiene preferencias por unos pueblos sobre los demás? ¿Creéis que a vosotros os ha favorecido con algo más que aquello que la generosa naturaleza concede a todos? ¿Acaso sería justo que todas las gracias del cielo y todos los tesoros de la tierra sólo a vosotros estuvieran destinados?” [...]  “Yo creía que los negros eran más resistentes que los indios, que yo veía morir por las calles, y pretendía evitar con un sufrimiento menor otro más grande”… Su proyecto había sido “un error y una culpa imperdonable, que era contra toda ley y toda fe, que era en verdad cosa merecedora de gran condenación el cazar a los negros en las costas de Guinea como si fueran animales salvajes, meterlos en los barcos, transportarlos a las Indias Occidentales y tratarlos allí como se hacía todos los días y a cada momento”. […] “en estas ovejas mansas… entraron los españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, e hoy en este día lo hacen, sino despedazallas, matallas, angustiallas, afligillas, atormentallas, y destruillas por las extrañas y nuevas y varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad.” [...]  “todo el oro, plata, piedras preciosas, perlas, joyas, gemas y todo otro metal y objeto precioso de debajo de la tierra, o del agua o de la superficie que los españoles tuvieron desde tiempo en que se descubrió aquel mundo hasta hoy, salvo lo que los indígenas… concedieron a estos en donación o gratuitamente o por razones de permutación en algunos lugares voluntariamente, fue robado todo, injustamente usurpado y perversamente arrebatado; y, por consiguiente, los españoles cometieron hurto o robo que estuvo y está sujeto a restitución”. (De las Casas. De Thesauris. 1563)  (http://bitacoraliteraria9.wordpress.com/2010/05/22/literatura-del-descubrimiento-la-conquista-y-la-colonia-en-hispanoamerica/).
La llamada "leyenda negra' expuesta por De las Casas ya no es tan del centro de los debates de los estudiosos colonialistas.  En su caso lo que se connota es la paradójica situación de un antiguo esclavista que luego de defender a indios y a negros por igual seguía considerando a los primeros algo por encima de los segundos. Veía al indio como un ser noble que se acercaba al espíritu cristiano, al que debía ser sometido como algo natural. Pero partía de una concepción cristiana de la existencia en un sentido más evangelista que la mayoría de los españoles y por ello los criticaba. Se trató de un etnocentrismo tolerante en la medida en que el "otro" se evangelizara "debidamente", y no por la defensa del indígena en sí mismo mismo (Ver a Todorov).


(http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/sarco/cronistas_indianos.htm) Véase el sílabo de Espa 4221 para otras fuentes bibliográficas empleadas.
Ver Las venas abiertas de América latina de Eduardo Galeano (México: Siglo XXI, 1976), El laberinto de la soledad (1950) de Octavio Paz, La gran novela latinoamericana (2011) de Carlos Fuentes. De Julio Crespo MacLeenan, Imperios. Auge y declive de Europa, 1492-2012 (Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2012).

Un hecho casi desconocido fue que en el segundo viaje de Colón figuraban mujeres. Fue el inicio de un creciente e incesante flujo de españolas hacia América. Algunas protagonizaron aventuras asombrosas y otras actuaron con la acostumbrada maldad de los humanos en general. No conocemos sus nombres. Solo algunos empeños pugnan por sacar a estas mujeres, con sus luces y sombras, de las tinieblas bibliográficas. El más reciente es el de Eloísa Gómez Lucena (quien ha publicado Españolas en el nuevo mundo (Cátedra), con 38 biografías femeninas. Contra la opinión general, no todas fueron monjas o prostitutas. Los investigadores han constatado que se trató de un fenómeno significativo y transversal.  Hubo desde humildes costureras hasta hidalgas pedagogas. Se convirtieron en capitanas, guerreras, maestras, exploradoras; “Engrosaron las filas de los expedicionarios y, como ellos, desbrozaron selvas, atravesaron cordilleras y desiertos y navegaron por los grandes ríos. Hazañas y penalidades femeninas en raras ocasiones reconocidas por la Corona española o comentadas por los historiadores de la época”, escribe Gómez-Lucena en el ensayo introductorio del libro mencionado. De momento, en televisión, se ha estrenado El corazón del océano, la serie que narra la odisea de Mancia Calderón, la extremeña que sobrevivió junto a una veintena de mujeres a una expedición de 17.000 kilómetros y seis años hasta llegar a Asunción (Paraguay). Son cuatro las historias recogidas por Eloísa Gómez-Lucena. 

http://blogs.elpais.com/historias/2014/02/exploradoras-del-nuevo-mundo.html


.


Todorov, Tzvetan. La conquista de América. La cuestión del otro. (México: Siglo XXI, 1987) 1984. Primera edición en francés 1982.

Reseña: http://lilt.ilstu.edu/jjpancr/colonial/model.htm


Este libro recapitula una versión histórica de la conquista de las Américas. El autor, Tzvetan Todorov, nos da ejemplos del problema del otro, el conquistado, y reconoce claramente los avances tecnológicos del "yo" del conquistador. Según el autor, uno de los grandes problemas de los indígenas es la incapacidad de su sistema comunicativo; es decir que ellos no manejan el lenguaje de los conquistadores ni entienden sus costumbres. En su libro, La conquista de América, se desarrollan los diferentes problemas que tuvieron los conquistadores y los indígenas. Sin embargo, en este libro, aparecen algunas perspectivas dadas desde el punto del "yo" colonizador. Uno de los temas principales es que Todorov sugiere que es necesario conocer al otro para conocerse mejor. Su deseo de comprender, unir y comparar los dos lados, desde una perspectiva europea, sugiere que aún hoy existen las separaciones de continentes, países y culturas. Además, Todorov nos presenta el problema del otro: el conocimiento europeo ante el conocimiento del indígena tratando de comparar el uso de las referencias textuales y cómo éstas contribuyeron a la historia de la conquista de las Américas. Por ejemplo, Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Montezuma, La Malinche, Durán, Sahagún, los aztecas y los incas son representantes históricos que utiliza el autor para plantear el problema de la conquista y del otro.
El descubrimiento (de Colón).
La historia se va formando y concretizando de acuerdo a la voz que la narra. La historia es lenguaje del uno hacia el otro. En el primer capítulo entitulado "El descubrimiento" se le alaba a Colón por todos los esfuerzos y sacrificios que hizo para viajar al este. Toda la honradez, la codicia y la fama que buscaba Colón se respeta pero también se critica desde otra perspectiva. Se menciona que Colón originalmente quería llegar a Jerusalén para convertir a los infieles al Cristianismo y que su propósito no era simplemente encontrar el oro sino hallar al Gran Can, quie había mencionado Marco Pollo en sus narrativas. Todorov lo llama una figura quijotesca, según él, ésa era su misión original. En la versión histórica más conocida, Colón quería llegar a las Indias por medio de viajar hacia al oeste porque buscaba una ruta más corta para ampliar las oportunidades del comercio. ¿Cuál de las dos perspectivas es correcta? Tal vez, Todorov lo representa como un semidios, pero sus ambiciones también involucraban mucho egoísmo y étnocentrismo. Ambas perspectivas pueden apoyarse de algún modo u otro. Parece que Todorov quiere dar varias interpretaciones para que cuestionemos el "yo" y el "otro". La primera connota un héroe devocionario y religioso que le importa sólo la cristiandad y en la segunda connota un hombre valiente, curioso y práctico.
En cuanto a la relación entre Colón y los indígenas, vemos que Colón solía a proyectar una identidad prefabricada al indígena. El presumía entender lo que los indígenas querían decir e imponía su propio significado al discurso hablado de los indígenas. Era mucho más probable que en realidad los indios no tienen ningún lugar en la hermeneútica de Colón. A veces, nos los describe como buenos y otras veces malos, depende de la situación en que se encuentra Colón sólo asociaba sus principios teológicos con los indígenas y no con la naturaleza (árboles y pájaros). Se puede notar que Todorov tiene varios conceptos de Colón, por ejemplo, el poder dominante y la fe de Colón eran más grandes que en cualquier otro hombre. Pero la contradicción que se encuentra por todo el libro implica que el conocimiento del "otro" o del "yo" se puede interpretar de varias maneras sin llegar a una conclusión. Colón nunca sale de sus propias percepciones y en fin nunca llega a conocer a los indios, tal vez porque nunca llega a conocer bien a su propia tierra de nacimiento.
La conquista
Todorov comenta la historia de la interacción entre Cortes y Montezuma y la conquista de los aztecas en México. Según las perspectivas del autor, el emperador de los aztecas es un líder indeciso, incapaz de proteger a su pueblo durante la conquista. Se describe como un héroe débil, reservado y tímido (nunca quería que le vieran su cara). Se menciona que podría ser un cobarde. ¿Según Todorov, o según la historia mexicana? Al analizar la historia es casi imposible no tener perjuicios. Todorov explica precisamente la debilidad de los vencidos y sus problemas a la vez reproduciendo otra versión del "otro". Si se examina la historia mexicana podríamos ver que Montezuma era uno de los lideres más poderosos de los aztecas y sus tácticas de guerra eran diferentes por otros motivos. Los indios comenzaban a perder su fe en sus propios dioses porque no veían ninguna ayuda, no les respondían sus deseos para darles consuelo. Veo que Todorov no comenta mucho sobre el "otro". Sus debilidades son por falta de comunicación física y espiritual. Al contrario, se comenta mucho el heroísmo de Hernán Cortés y sus capacidades extraordinarios de manipular los signos y utilizar el lenguaje como arma.
Montezuma y los signos.
El calendario de los aztecas consistía de 13 meses y veinte días en cada mes. Cuando se sabía la fecha de nacimiento se sabía también el destino de esa persona. Se dice que un mundo sobredeterminado es un mundo sobre interpretado. Los indios veían muchos signos que tal vez les daban muchas ideas falsas del futuro, pero no se menciona que a veces les daba ideas correctas hacia el futuro. Ellos no construyen su futuro, no tienen libre albedrío, su vida se consideraba determinada desde un principio. En vez de identificarse con la forma de vida que llevaban los aztecas, sus avances intelectuales y sus interpretaciones del futuro, diría que Todorov sólo menciona las maneras en que se separa el uno del otro en vez de comparar cómo se asemejaban las barreras culturales que interferían con el conocimiento del otro. Parece que los aztecas tenían una ontología distinta a la europea y la demostraban (en forma de actuación) de modos más simbólicos (sacrificios, comunicación con la naturaleza, etc.). ¿No eran algunas de las ideologías semejantes a algunos pensamientos del viejo continente? Su filosofía de la vida predestinada también forma parte del pensamiento occidental. Según el autor, la comunicación indígena entre hombre y la naturaleza era más estrecha y se veía sus vidas reflejadas en los sueños, idea congrua con algunos pensadores psicólogos de hoy. Los Incas, los aztecas y muchos tribus grandes tenían la misma profecía que iban a venir "Dioses" del oeste para conquistarlos. Es misterioso la uniformidad del tiempo. Podemos comparar sus profecías con aquellas de Nostradamo. Los indígenas tenían escuelas en que aprendían escribir pero su modo comunicativo, según el autor, no era tan avanzado como el alfabeto. Esta forma de comunicación que parecía inadecuada para un español era otro motivo que tenían los españoles para civilizar a los indígenas. Todorov dice que la disimulación que los aztecas hizo que perdieran la conquista. Su sinceridad y su ingenuidad les hizo perder la guerra, tal vez una técnica desventajosa para el guerrero nativo. Las maneras en que se comunicaban para hacer los gritos de combate no ayudaban a disimular las tácticas de guerras de los indígenas. Sus interpretaciones de la religión católica eran sinónimas a la mentira. Los indígenas decían, "I am a good Christian becuase I have learned to lie but one day I will learn to lie big and will be a big Christian" (página). Todorov da al lector este ejemplo para demostrar cómo el indígena es forzado a aceptar la religión católica porque los españoles ganaron la conquista por cause de la comunicación simbólica entre el hombre y no sólo entre el hombre y la naturaleza
Cortés y los signos
La importancia de la Malinche como interpretadora para los españoles es una figura importante para la victoria de los españoles. No sólo le llaman a Cortés "Malinche" pero sin ella y la comunicación extraordinaria que tenía con los indígenas no hubiera ganado la guerra. Ella representa una mezcla de las dos culturas. En parte fue uno de los primeros ejemplos de la importancia de tener un interprete o traductor, y segundo en cómo utiliza el idioma como arma para manipular las conversaciones. En contraste, Todorov no menciona que en la cultura mexicana, una Malinche tiene una connotación mala; es representativa de un traidor.
Los aztecas ven una intervención divina y Cortés no lo ve, sólo interpreta todo lo que está a su favor. Por ejemplo, Todorov dice que a Cortés no le gustaba tumbar templos indígenas y la arquitectura de los indígenas porque quería preservar la cultura. Se nota que quiere preservar la cultura artificial o la representación de la cultura pero no quiere preservar las vidas de los aztecas. Es parte del proceso de apropiación y conquista para empezar de nuevo una civilización europea.
Se menciona que el lenguaje es el "compañero" del imperio. En el caso de Cortés su lenguaje se usaba para manipular y fingir para poder conquistar. Las acciones del conquistador también servían para conquistar, demostraba que estaba débil cuando, en realidad, estaba fuerte. Además los españoles tenían muchos aliados en los indígenas que habían vivido bajo el dominio de los aztecas. Los signos de Cortés se proyectaban un punto de vista muy subjetivo e individual y los aztecas eran más lineales y colectivos en su manera de comunicar.
Comprender, tomar, destruir.
Este capítulo se entitula "El Amor". Irónicamente, es un amor del paisaje y no de los indígenas. Todorov escribe en detalle el motivo del genocidio que ocurrió. Setenta millones de indígenas se murieron por tristeza, abuso, plaga, violencia etc. Los españoles sugieren que no los mataron intencionalmente sino que fue a causa de las enfermedades. Los conquistadores justifican sus conquistas de las tierras y niegan aceptar la responsabilidad total de la masacre de los indios. La distinción entre la masacre y el sacrificio son conceptos diferentes que tal vez no se distinguían en la psicología de los españoles. El sacrificio se hace voluntariamente enfrente de un grupo para un propósito personal. La masacre es la victimización de una persona que se hace en desolación y sin ningún arrepentimiento.
Igualdad o desigualdad
Todorov arguye que el sistema penal que instalaron los españoles era una injusticia total. La misma acción que se condena se aplica a los indígenas. Por ejemplo, si alguien cometía el homicidio se le castigaba también de igual manera, un concepto que todavía se practica en muchos lugares del mundo. Imponerles a los indígenas estas reglas les daban la habilidad de hacer decisiones pero no había manera de traducir estas reglas al lenguaje que podrían entender. Esta falta de información se usaba en contra de los indígenas para no darles justicia. En comparación con el sistema de hoy, los políticos no revelan información pertinente para ganar un puesto en el gobierno.
En esta época Bartolomé de las Casas tenía mucha empatía hacia los indios y protestaba en contra de la violencia. Todorov menciona el perspectivismo que comenzó a surgir con Las Casas. Él propone establecer un modo de comunicación sin violencia y quiere conocer al otro desde el punto de vista del indígena. Se decía que los nativos tenían su manera de demostrar la religión y su espiritualidad. El sacrificio sería la manera "más preciosa" para demostrar los sentimientos. Se proponía que la mezcla de las dos culturas podría mejorar el aprendizaje. Todorov no menciona el desequilibrio entre los indígenas y las Casas. El concepto de ser cura y amar a otra raza también significa que hay que sufrir, entender sus sufrimientos y vivir como ellos. En efecto, las Casas nunca se une enteramente a la cultura de los indígenas para poder verdaderamente amarlos y ayudarlos.
Durán y Sahagún.
Estos hombres representan la unificación y el sincretismo de las dos culturas. Durán era un hombre que quería arrancar las raíces espirituales de los indígenas para que no tuvieran pensamientos paganos. Veía el indígena como un signo de idolatría porque sus costumbres aún veneraban a sus dioses antiguos. Todorov critica a Duran por tratar de sincretizar la religión cristiana porque Durán proveía las semejanzas entre las dos culturas, el mismo siendo convertido del judío a cristiano. Además tenía la curiosidad de aprender más sobre el indígena.
Sahagún también le interesan mucho los indígenas y aprende el náhuatl. El se hace maestro en un colegio "elite" donde al aprendizaje de las dos culturas se hace en forma recíproca entre el estudiante y el maestro. Así, los indígenas aprenden el idioma y se apropian del lenguaje para oponerse a los españoles. Este es un buen ejemplo de cómo se aprende de uno mismo a través de la otra cultura.
En conclusión, Todorov capta una diversidad de personajes históricos para examinar el problema del otro. La percepción del otro se compara con las semejanzas del "yo". Desafortunadamente no habían semejanzas de idioma, de cultura y de religión que demostraban ninguna simulación del "yo", lo cual establece la raíz de los problemas. Todorov incluye un punto de vista con referencias a la historia vista desde Europa. Esta distancia cultural limita su visión de los indígenas en cuanto a otras interpretaciones históricas y contrastes que se encuentran. No describe por completo los acontecimientos positivos de los indígenas sólo los derroches. El concepto del "yo" que se demuestra en este libro La conquista de América, presenta una imagen poderosa, étnocentrica y controladora. El concepto del "otro" se examina en la superficie del pensamiento central. En realidad el concepto del "otro" no se ha examinado en equilibrio para hacer un estudio crítico de los indígenas. Todorov nos plantea un comienzo de una investigación muy difícil, el conocimiento del otro. Esta meta podría ser una paradoja complicada si primero no concretizamos un auto-conocimiento del "yo".